domingo, 6 de junio de 2010

Miedo.

Miedo, frustración, dolor, culpa y más miedo. ¿Qué peor que sentir esas cosas? ¿Qué peor que el miedo? El miedo te paraliza, no te deja seguir. Provoca que te encierres en vos mismo, que veas, que no escuches. Te mete en un remolino del que se hace muy difícil salir, por más que luches con todas tus fuerzas. Es como si te quedar congelado en el medio de la nada, solo pudiendo ver eso que te da tanto terror, y aquello que lo provocó.
Te sentís solo, sentís que nadie te ve. Cuando en realidad, quizás, tenés muchas personas, o motivos, para volver a la realidad. A la vida misma.
A todos el miedo nos pega de una manera distinta. Están los que lo pueden saltar con gran facilidad, los que viven metidos en ese miedo sin poder dejarlo atrás nunca, aquellos que intentan con todas sus fuerzas vencerlo y lo logran... y estamos aquellos que queremos destruir el miedo, desterrarlo de nuestras almas, pero no sabemos como hacerlo (¿No sé?)
Y ahí viene la desesperación, gran amiga del miedo. Cuando te desesperas si, estas perdido. No hay peor combinación que el miedo y la desesperación. Sentís que se te cierra el pecho, el aire no puede entrar, temblás, lloras, gritas... ¿Gritas? ja, si podés.
Hay pequeñas o grandes cosas (inclusive personas, como vos) que te ayudan con todas sus fuerzas (las que perdés por el miedo) a poder superarlo, a hacer que ese miedo se haga chiquitito y lo pierdas en un punto en tu interior. Pero la realidad es que el miedo puede llegar a estar días, meses, años en vos hasta que desaparece por completo. Solamente no hay que perder las esperanzas.
Estoy tratando de vencer mis miedos, de abrir los ojos, aunque realmente a veces cuesta mucho. Yo si tengo esperanza, y que voy a poder.
¿Me ayudas?

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